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Toda la actualidad sobre la Semana de Música Religiosa de Cuenca

Manos de una pianista sobre el teclado de un piano, en penumbra

Exquisito barroco de Kurosaki y Prego para llegar al termino de In Via, la 62ª SMR de Cuenca

La mañana del 20 de abril, Domingo de Resurrección, tuvo lugar el concierto de clausura de “In Via”, la edición 2025 de la SMR, tras un recorrido musical de 16 conciertos, conferencias y otras actividades.

Este intenso viaje de emociones finalizó con el dúo formado por el violinista Hiro Kurosaki y el clavecinista Ignacio Prego que ofreció un programa maravilloso convertido en un acto de comunión artística con las sonatas de Biber, Kuhnau y Bach. Un concierto superlativo que dejó una profunda huella en el Espacio Torner que acogía el cuarto recital del SMR en el “Año Torner”.

El programa tuvo por título “Resurrectio” y giraba en torno a la mística Sonata del Rosario No. XI "La Resurrección" de Heinrich Ignaz Franz von Biber, el núcleo conceptual en torno al cual se entrelazaron sonatas de Bach y Kuhnau. La maestría en la selección y alternancia de piezas ofreció un relato sonoro de estremecimiento humano primero y de pura luz después. Un cúmulo de emociones que envolvieron al público en la mañana de Cuenca en un recital sublime.

Desde los primeros compases de la Sonata BWV 1017, Kurosaki y Prego mostraron una compenetración absoluta y un virtuosismo fuera de lo común. El fraseo del violín, cantabile y profundo, dialogaba con la claridad del clave como si ambos instrumentos compartieran una única respiración.

La Sonata del Rosario de Biber fue el punto de inflexión del concierto. La dificultad técnica y simbólica de esta música requiere más que virtuosismo: exige entregarse al misticismo. Kurosaki no se limitó a tocar; encarnó el elevado lirismo de esta sonata y sus silencios.

Las siguientes sonatas de Bach, BWV 1015 y BWV 1019 fueron muy luminosas,La Sonata bíblica de Kuhnau, “Hiskia agonizzante e risanato”, una joya poco interpretada que Prego abordó con dramatismo delicioso.

El concierto acabó con Bach y su Sonata BWV 1019. Esta pieza significó una vuelta a la realidad, con una celebración de alegría barroca después del viaje espiritual. El público vivió más que un concierto. Kurosaki y Prego nos recordaron en Cuenca que la música sigue siendo un acto sagrado.

En esta 62ª Semana de Música Religiosa de Cuenca se han vivido intensas y verdaderas experiencias de encuentro entre la música y el público. Probablemente por eso, el último aplauso de esta edición a estos dos grandes artistas tras su colosal concierto, ha sonado profundo y de sincero agradecimiento por estos días de altísimo nivel artístico.